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Notícies

No parlem de post-Covid, encara és aquí

17 de juliol de 2020

(Publicat a La Vanguardia, 15 de juliol de 2020 per Montse Esquerda)
La situació dels últims dies a Lleida ia molts altres llocs de món, ens mostra que la pandèmia no ha acabat, encara és aquí.
La diferencia es que la empezamos a conocer y podríamos identificar algunos elementos claves para gestionarla mejor:

En primer lugar, un modelo social más justo y equilibrado. A pesar de que la enfermedad nos afecta a todos, no lo hace por igual, ni en riesgos ni en consecuencias. Podemos detectar en nuestra sociedad situaciones invisibles o invisibilizadas, que la pandemia hace estallar, como carencias en el modelo residencial de la gente de edad o la situación de los temporeros.

Desde hace bastantes años, cada verano en Lleida hay una crisis con la llegada masiva de personas en situación irregular que buscan alguna salida. No nos puede extrañar que las personas en situación desesperada se comporten desesperadamente.

El New York Times también se hacía eco hace pocos días de la enorme desigualdad étnica con que afecta a la COVID19 en Estados Unidos: los hispanos o afroamericanos tienen un riesgo desproporcionado de padecer la enfermedad, por múltiples causas, entre ellas la pobreza y desigualdades sociales.

El virus nos muestra que todos somos vulnerables, pero a la vez amplifica situaciones de fragilidad y tensiona los puntos sociales más débiles, sacando a la luz todas nuestras miserias e incrementando las desigualdades. Si no detectamos y no damos respuesta a las grietas sociales, no podremos detenerlo.

En segundo lugar, hay un sistema sanitario potente, con buena preparación y un sistema de búsqueda a su lado. Como el doctor Padrós, presidente del Colegio de Médicos de Barcelona, nos recuerda, el sistema sanitario está “hiperdiagnosticado”: conocemos sus carencias desde hace tiempo y como éstas se suplían con el sobreesfuerzo continuado de los profesionales sanitarios. Durante estos últimos meses, se ha pedido un esfuerzo añadido, pero no se puede pedir sin límites a un colectivo que supla unas condiciones deficientes de base.

Una sanidad potente implica también buenas decisiones en Salud Pública y esto significa decisiones planificadas, basadas en los datos y con criterios explícito y públicos, para fundamentar las decisiones políticas. En el caos de las primeras semanas de pandemia, no había datos ni conocimiento suficiente, pero este no debería ser el caso en nuestro contexto actual.

En tercer lugar, es imprescindible la responsabilidad individual. En la mayoría de casos se pide muy poco: mascarilla-manos-distancia. En otros, como en el Segrià, se pide más. La inmensa mayoría de personas están comportándose de forma ejemplar, y hay que reconocer todo el esfuerzo que ello implica. Pero con el virus hemos aprendido también que somos todos altamente interdependientes, y que sólo si actuamos de forma responsable todos juntos y al unísono podremos salir adelante.

Quizá la pandemia nos ha cogido sin algunos deberes hechos, en ámbito social o sanitario, y ahora hay que hacerlos deprisa mientras convivimos, pero ya deberíamos de haber aprendido que el coste de no hacerlos es aún más elevado.

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