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Radares sociales contra el suicidio

10 de Septiembre de 2020

(Publicado en El Comercio, 7 de septiembre de 2020 por José Antonio Guerrero)
Los expertos en salud mental alertan de un 20% más de casos de depresión y ansiedad por los efectos de la COVID
«No valgo para nada». «Toda mi vida ha sido inútil». «Estoy cansado de luchar». «Quiero descansar». «Nadie me quiere y es preferible morir». «No merece la pena seguir viviendo». A veces estos comentarios de amigos, familiares o compañeros de trabajo son subestimados, y se despachan sin darles mayor importancia, dejándolos correr. «Pero cómo dices eso, ya verás cómo todo se arregla», es una de las frases que reciben a cambio. El suicidio sigue siendo en España un tabú social que impide encarar con realismo las cifras de esta otra pandemia que cada año mata a 3.500 personas y que supone la segunda causa de muerte entre los jóvenes de 15 a 29 años. «La sociedad debe conocer las cifras de lo que supone el suicidio en España, ya que solo así sabremos a qué nos estamos enfrentando. En estas situaciones el único radar que tenemos es que quienes están alrededor de la persona con idea de suicidio lo detecten, y le puedan prestar atención y ayuda para llevarle a un profesional», asegura Víctor Pérez, vicepresidente de la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica (SEPB) y uno de los coordinadores del Libro Blanco Depresión y Suicidio 2020, que acaba de ser presentado por la Sociedad Española de Psiquiatría (SEP), la SEPB y la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental (FEPSM).

Los expertos en enfermedades mentales apuntan a que la identificación de los factores de riesgo (ese radar social que puede ser desde un vecino a usted mismo) resulta del todo fundamental para disminuir el nivel de riesgo suicida. Por eso proponen que los ciudadanos que detecten estos casos «nunca dejen sola a esta persona hasta estar seguro de que se pone en manos de su médico de cabecera o de un especialista».

El hecho de involucrarse socialmente ha sido clave a la hora de rebajar a la mitad el número de suicidios en países europeos como Dinamarca. En España las cifras, escalofriantes, se mantienen año tras año. Por cada persona que fallece en accidente de tráfico, mueren dos por suicidio; por cada muerte por violencia de género, 70 por suicidio, por cada persona que acaba con su vida otras viente lo intentan... y en 2050, según la OMS, la depresión, la principal patología asociada al suicidio, será el problema de salud más relevante.

Día Mundial

Precisamente, este jueves 10 se celebra el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, y para dar visibilidad a una realidad social muy presente, se ha presentado el Libro Blanco 'Depresión y suicidio 2020', un documento estratégico para la promoción de la salud mental y también un libro de cabecera para consultar temas relacionados con la depresión y el suicidio.

Con 20 capítulos, casi 250 páginas y una treintena de colaboradores de todas las áreas (médicos, científicos, pacientes, familiares, periodistas...), el libro, disponible en formato digital en la web de las sociedades científicas, analiza en detalle la epidemiología, el impacto y los abordajes de la depresión y del suicidio desde diversas e innovadoras perspectivas. Los dos coordinadores, los doctores Víctor Pérez Sola y Mercedes Navío, responsable de la oficina de Salud Mental de Madrid, coincidieron en la importancia de las campañas de sensibilización, del estilo de las que lleva a cabo la DGT, y de la eficacia de los «radares sociales», que van desde los conocidos de un depresivo hasta su propio médico de cabecera.

Lo que viene

Los especialistas advierten de que la crisis económica y social que se avecina (si es que no está ya a aquí) tras la crisis sanitaria del coronavirus va a disparar los casos de trastornos depresivos, que podrían aumentar entre el 20% y el 25% en los próximos meses, según Víctor Pérez. Por ello, subraya la importancia, por un lado, de poner en marcha programas de prevención, y por otro, de hacer un abordaje temprano de las enfermedades mentales. Según explica la doctora Mercedes Navío, esta pandemia está aumentando el estrés ante la incertidumbre laboral y a que nuestra forma de vida se vea alterada por el virus. Para amortiguar este impacto los expertos califican como «realmente importante» que se pongan en marcha actuaciones en las poblaciones que tienen especial vulnerabilidad, entre las que se encuentran las personas con trastornos mentales. Por ello, este libro blanco ha dedicado un capítulo especial a analizar el impacto de la Covid en la depresión.

Actualmente en España, la depresión afecta a 1 de cada 5 mujeres y 1 de cada 10 hombres. «Se estima que en 2050 esta enfermedad será el principal problema de salud, lo que le convierte en una prioridad de salud pública», apunta la doctora Ana González-Pinto, presidenta de la SEPB, quien reclama priorizar los tratamientos contra la depresión y la prevención integral del suicidio. Por cada euro que se invierte en salud mental hay un retorno de cuatro euros, lo que, además de una menor incidencia de patologías mentales, supone un ahorro económico», añaden los psiquiatras.

Los de mayor riesgo

Las personas con enfermedades mentales, aquellos que han padecido la Covid con sintomatología más grave, las familias de fallecidos por este virus y los trabajadores sanitarios que están en primera línea son los grupos con mayor riesgo de padecer depresión y otras enfermedades mentales. «En estas poblaciones ya estamos viendo un aumento de patologías que están muy bien descritas: ansiedad, depresión, consumo de alcohol y suicidio», describe el doctor Víctor Pérez, que también dirige el Instituto de Neuropsiquiatría y Adicciones del Hospital del Mar (Barcelona). Además, se refirió a las personas en duelo, las que no han podido despedirse de sus seres queridos, lo que puede incrementar el riesgo de estrés postraumático, ansiedad o, en algunos casos, de depresión. De hecho, tal y como se recoge en el libro, el 25% de las más de 700 personas que participaron en un programa de prevención de duelo complicado fue derivado a consultas de salud mental. Si bien para estos casos, a veces tan solo es necesario que un profesional los ponga en contacto con otras personas que han pasado por el mismo trance. «La cohesión social, junto con el compromiso y las fortalezas de los ciudadanos, van a ser determinantes para reducir el impacto de esta situación en la salud mental», señala la doctora Navío.

Otro grupo de población especialmente vulnerable en esta crisis provocada por la pandemia son las personas con enfermedades mentales. Entre las primeras consecuencias que han experimentado ha sido la disminución en la atención tradicional, ante la necesidad de reorganizar la asistencia. «La teleconsulta ha sido fundamental», señala Navío. A pesar de ello, advierte que «nunca debe sustituir a la atención presencial cuando se trata de salud mental, donde la creación de vínculos entre el profesional y los pacientes y el seguimiento de los mismos es especialmente importante ya que es terapéutico en sí mismo».

Ahora que se acerca el Día Mundial para la prevención del suicidio, desde las sociedades científicas insisten en la necesidad de contar con un Plan Nacional de Prevención del Suicidio, liderado por las autoridades sanitarias nacionales en coordinación con todas las comunidades autónomas. «Es muy importante el impulso de estrategias que señalen buenas prácticas, con evidencia preventiva, que se puedan establecer prioridades y hacer sensibilización. Pero esto se consigue con iniciativas ambiciosas y años de inversión económica y en salud que deben mantenerse en el tiempo y que requieren un esfuerzo por parte de muchas entidades».

En el Libro Blanco se recoge la experiencia de algunos programas europeos que se están llevando a cabo en los colegios para trabajar la resiliencia y prevenir el suicidio. «Los centros educativos son el lugar apropiado para desplegar programas universales de prevención de trastornos mentales y de promoción de la salud mental porque proporcionan acceso a un gran número de jóvenes. Intervenir en la escuela permite prevenir e identificar de forma temprana problemas mentales precursores de posibles casos de suicidio», apostilla la doctora González-Pinto.


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