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Mites sobre la depressió que cal desterrar

09 de octubre de 2020

(Publicat a 20 minutos, el 5 d'octubre de 2020 per Nani F. Cores)
A Espanya la depressió afecta actualment a més de dos milions de persones
A pesar de que un 86% de los españoles reconoce que la depresión es una enfermedad - datos del Estudio Lundbeck ¿Qué saben los españoles sobre depresión?- y de que en nuestro país afecta en la actualidad a más de dos millones de personas - una cifra que podría aumentar considerablemente en los próximos meses debido a los devastadores efectos de la pandemia- a día de hoy todavía son muchos los estigmas que recaen sobre las personas que la padecen y varios los falsos mitos sobre este trastorno mental. Algo que dificulta (y mucho) que gran parte de los pacientes acudan a su médico ante los primeros síntomas.

De hecho, según varios estudios, aproximadamente el 35% de los adultos con depresión no reciben ningún tratamiento (según datos publicados por el National Institute of Mental Health en 2019). “La mayoría de las personas que acuden a un especialista ya han sufrido episodios depresivos antes de acudir a su médico y recibir un diagnóstico, lo que puede retrasar el efecto del tratamiento”, explicaba el doctor Víctor Pérez-Solá, jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital del Mar y coordinador del Programa de Depresión y Prevención del Suicidio del CIBERSAM, en un reciente encuentro de especialistas celebrado dentro del marco de la campaña #DeLaDepresiónSeSale.

Sin embargo, el diagnóstico precoz del primer episodio depresivo sigue siendo clave para el abordaje completo de los síntomas y para un mejor pronóstico de la enfermedad: “Quien sufre depresión habitualmente cree que va a padecerla toda su vida, pero lo cierto es que, con el tratamiento adecuado, 2 de cada 3 enfermos vuelven a llevar una vida normal cuando se recuperan, aunque puedan tener recaídas”, afirma el doctor Pérez-Solá.

¿Cuáles son, entonces, esos falsos mitos que los expertos aconsejan desterrar para facilitar una mayor integración y recuperación de las personas que sufren depresión?

Uno de los principales sería la creencia de que la depresión es una reacción emocional negativa que solo aparece ante situaciones adversas o, dicho de otro modo, que solo se presenta cuando nos ocurre algo malo. “Aunque es cierto que un porcentaje elevado de depresiones están causadas por factores externos, no siempre son los desencadenantes. La depresión, como cualquier otra enfermedad física, puede aparecer de un día para otro”, apunta Cecília Borràs, psicóloga y presidenta de Después del Suicidio – Asociación de Supervivientes (DSAS).

Y si bien es cierto, que determinados acontecimientos traumáticos pueden desencadenar episodios depresivos (un duelo, un accidente...), pocas veces la persona entra en depresión solo por ellos. Esos acontecimientos pueden provocar tristeza, trastorno de estrés postraumático o síntomas similares a la depresión. Sin embargo, en las personas deprimidas esa sintomatología se prolonga durante el tiempo, con frecuencia se produce sin motivo aparente y en muchas ocasiones va acompañada de incapacidad funcional o ideaciones suicidas.

Otro mito a desterrar sería el de que las personas con depresión son débiles o tienen una actitud negativa frente a la vida: “Estas ideas provocan que las personas con depresión se sientan culpables por no ser capaces de superar esta situación y eviten contar a su entorno qué les ocurre. Y es precisamente este miedo a hablar de la enfermedad lo que hace que los enfermos no vayan al médico”, explica el psiquiatra Víctor Pérez-Solá. “La mejora del manejo emocional en edades tempranas o los programas de detección de personas vulnerables pueden ayudar a prevenir muchos casos de depresión o a tratarlos precozmente”, añade.


Ni se cura sola ni hay que ignorarla

Por lo tanto, no hay que estigmatizar la depresión como nunca se nos pasaría por la cabeza estigmatizar a quien sufre diabetes o cáncer porque todas ellas son enfermedades que se pueden tratar. Y tampoco se debería achacar a las personas depresivas que no tengan voluntad para superar la enfermedad por ellas mismas. Si alguien que tiene un brazo roto o una úlcera en el estómago necesita ayuda médica especializada, lo mismo ocurre con quienes sufren depresión.

El tercer mito tendría su origen en quienes piensan que la depresión no es una enfermedad de verdad o que es una enfermedad poco frecuente. Solo en Estados Unidos, un estudio de la Universidad de Harvard reveló que el 29% de los estadounidenses sufren algún trastorno de ansiedad a lo largo de su vida y casi el 21% depresión. Y, por supuesto, tiene que considerarse una enfermedad grave ya que no tratada puede llevar a quién la padece a no querer vivir y a intentar quitarse la vida.

La depresión es una enfermedad que afecta a más de 300 millones de personas en todo el mundo.

La depresión, además, tiene síntomas como la fatiga corporal, el insomnio, dolores musculares, cambios de apetito o una alteración tal de las emociones de quien la sufre que limita la vida de la persona. Restarle importancia como enfermedad solo consigue infravalorar y avergonzar a quiénes la padecen.

Estrechamente ligado a lo anterior estaría la creencia de que la depresión es una enfermedad que se cura sola o de que la única manera de superarla es ignorándola. Nada más lejos de la realidad. Pensar que el enfermo tiene las herramientas suficientes para salir solo va a incitarle a seguir sufriendo en silencio y a no buscar la ayuda de un profesional de salud mental que realmente necesita. Ninguna persona deprimida quiere estarlo pero la gran mayoría de las veces los propios síntomas de la enfermedad le impiden poner remedio por sí misma. Superar la depresión requiere, en la inmensa mayoría de los casos, de la ayuda de un profesional y es, además, un proceso lento. Según la Asociación Estadounidense de Psicología (APA) la mayoría de los pacientes no muestran mejoría hasta después de 15 o 20 sesiones de terapia.

Por tanto, mejorar el conocimiento social de esta enfermedad y evitar falsos mitos y prejuicios es la herramienta más eficaz para evitar que quienes la sufren se aíslen, no acudan a un especialista o retrasen el inicio de su tratamiento.


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