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Les autolesions entre adolescents creixen i s'inicien abans, als 12 anys

31 de març de 2021

(Publicat a La Vanguardia, 26 de març per Ana Macpherson)
El 25% d'urgències psiquiàtriques de l'hospital Vall d'Hebron són per aquesta causa

El parte del jueves de urgencias pediátricas de Vall d’Hebron recogió tres casos de autolesiones. Tres en un solo día: una chica de 15 años con autolesiones físicas (cortes), dos de 13 con intento de suicidio con fármacos (los intentos de suicidio con sobredosis se consideran autolesiones, como también los golpes autoinfligidos o las ideas de muerte).

“Crece mucho, las autolesiones ya son una cuarta parte de todas las urgencias psiquiátricas que llegan a pediatría. Y baja la edad. En el análisis que hemos realizado con los 566 episodios atendidos entre 2015 y 2017 se nota el crecimiento, y si en 2015 la media de edad era de 16 años, en 2017 ya era de 12”, resume Marc Ferrer, jefe de hospitalización psiquiátrica en Vall d’Hebron y líder de la investigación que ha llevado a cabo el servicio de psiquiatría del centro y la red de investigación en Salud Mental Cibersam.

Las autolesiones suelen ser un modo de regular la presión, de aliviar el malestar por no saber cómo manejar las emociones. “En sí mismo no parece gravísimo, hay mucha imitación a la hora de empezar a hacerlo, sobre todo se miran en las redes. Pero lo preocupante es que tiene un lazo claro con el suicidio. Cuando se pone en marcha la autolesión, en los siguientes tres años aumenta el riesgo de intentar un suicidio”, explica Ferrer.

La autolesión funciona como una droga, “cada vez necesitas más para tener e mismo efecto. Llega un punto en que no te sientes a gusto. Es autodestructiva. Te da muchos problemas con los iguales, sobre todo, provoca su rechazo. Empieza a fallar el rendimiento, da problemas con los profesores. Y se llega a pensar que no vale la pena vivir”, explica el psiquiatra.

Que para un adolescente es difícil gestionar la frustración, la ira y que lo pasa mal no es nuevo. “A algunos les pasa de forma más intensa y buscan la manera de superarlo con atracones, que estuvo de moda hace unos años, con consumo de sustancias, y ahora, con autolesiones: el efecto es superrápido. Y ellos son más de la recompensa inmediata que la demorada, que suele funcionarles peor. Así que todo encaja”.

Se copian en Instagram (ahora la plataforma envía mensajes por si necesitas ayuda) o en la red que usen, sobre todo ellas. Los chicos a veces quedan camuflados con otras etiquetas, como conducta desafiante. Pero las patadas y los destrozos son posiblemente su particular autolesión.

¿La familia? “Seguro que nos dedicamos a ellos menos de lo que deberíamos, pero los problemas los sufren sobre todo con sus iguales, la pieza esencial para madurar y donde tropiezan”, explica Ferrer. Sí que perjudican los padres que responden con un ‘no digas tonterías’ o los que dicen ‘me vas a provocar un infarto’.

“Los padres tienen que estar ahí. Su respuesta influye claramente, pero no es causa directa. La principal fuente del problema se encuentra en sus iguales”. ¿La pandemia? Lo tenemos que analizar en profundidad, pero de entrada, los adolescentes se han quedado sin espacio de ocio, de relación, donde verse, donde tener encuentros sexuales”.

¿Al psiquiatra? Ni en broma

a Organización Mundial de la Salud (OMS) ha pedido en diversos artículos científicos la necesidad de intervenir urgentemente y de otro modo en la salud mental de los adolescentes. Los problemas no hacen más que crecer y los afectados no acuden a las citas en hospitales o consultas. “Es complicado para los padres insistir cuando después de una autolesión o incluso una sobredosis el hijo o la hija te dice que no, que fue un mal momento, que lo ha entendido, que está mucho mejor, que ni en broma va al hospital o a la consulta de un centro de salud mental”, explica el psiquiatra Marc Ferrer. Varios países están probando otro tipo de estructuras donde esta franja de edad pueda tener un sitio para recibir ayuda proque lo que hay no sirve. “Tenemos que reestructurar la asistencia, acercarla a los propios centros educativos y a donde ellos vayan.También a las redes”.

A veces las familias piensan en trasladarse a un lugar menos agresivo, a un pueblo, para ayudarles. “Pero en todos hay internet y un modelo social según el cual has de ser un megacrack informático a los 10 años, si no ya vas tarde. La velocidad con la que hay que lograr el éxito les deja a muchos adolescentes más vulnerables fuera de juego”.

Per a més informació: aquí

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