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La salut mental, entre l'oblit i el tabú a les empreses

20 de octubre de 2021

(Publicat a La Vanguardia 19 d'octubre de 2021 per Blanca Gispert)
La pandèmia fa visible mesures pendents per a la prevenció i el diagnòstic

La angustia que han sufrido los profesionales sanitarios durante los meses más severos de pandemia, al igual que otros empleados esenciales –cajeras de supermercado, personal de limpieza, cocineros, telefonistas de atención al cliente, repartidores a domicilio...–, ha visibilizado los problemas de salud mental en el ámbito del trabajo. Estrés, ansiedad y depresión son los trastornos más comunes que padecen empleados y directivos sin escapar sector alguno. No es nada nuevo, estas dolencias derivan de problemas muy conocidos: sobrecarga de trabajo, elevada presión y responsabilidad, exigencia emocional, imposibilidad de desconexión digital, precariedad laboral, acoso de jefes o compañeros...
Existe poca estadística sobre la salud mental en el trabajo, pero un estudio elaborado por CC.OO. revela cómo el riesgo ha aumentado del 2020 al 2021. “Los trabajadores con riesgo y salario suficiente para cubrir necesidades del hogar han aumentado del 49% al 52% en un año mientras que los empleados con riesgo y un sueldo insuficiente para vivir han pasado del 67% al 73%. El mayor aumento se ha dado en el grupo que, de entrada, ya estaba peor”, alerta el informe Condiciones de trabajo y salud tras un año de pandemia, a partir de una encuesta realizada a 25.1000 personas.

Es destacable ver cómo las mujeres tienen un riesgo de padecer algún trastorno del 67%, 12 puntos por encima que los hombres (55%). “Los sectores más vulnerables están feminizados y encima ellas cargan con las tareas familiares”, comenta Mònica Pérez, responsable de salud laboral de CC.OO. en Catalunya. Además, el informe revela que los jóvenes de 16 a 34 años son el colectivo más vulnerable, con un riesgo del 68%. “Las cifras son alarmantes y demuestran que todos los deberes están por hacer, básicamente porque no se ha avanzado nada en los últimos 25 años”, lamenta Pérez.

Desde la entrada en vigor de la ley de Prevención de Riesgos Laborales en 1996, las compañías están obligadas a prevenir y abordar casos de salud mental mediante herramientas de información, diagnóstico y protocolos de actuación. (No existen reglamentos más específicos). Sin embargo, Pérez asegura que en Catalunya apenas el 1% de las empresas ha ejecutado medidas de prevención psicosocial. “Es un porcentaje ínfimo si lo comparamos con el 25% de las empresas que tienen planes de prevención para accidentes físicos o de ergonomía y movimiento (11%)”.
Núria Gilgado, secretaria de política sindical de UGT, asegura que ante esta situación los sindicatos llevan años denunciando en vano el incumplimiento sistemático de la normativa. La escasez de recursos de la Inspección de Trabajo para controlarlo es uno de los principales motivos, pero también sería deseable una mayor contundencia en las sanciones, sugieren ambas.

Por otro lado, los sindicatos reclaman que los trastornos mentales sean catalogados como enfermedades profesionales y no como accidentes laborales. “¿Cómo puede ser que la depresión y la ansiedad no se reconozcan como enfermedades profesionales?”, lamenta Gilgado.

Un problema en cifras73%

Además, piden una reforma legal sobre el sistema de reconocimiento de estos accidentes. “Una norma preconstitucional establece que únicamente la mutua de la empresa puede hacer el diagnóstico de estas enfermedades y, por tanto, tramitar la baja. De hecho, nos constan casos de empresas que no autorizan al empleado a acudir a la mutua, lo que impide que sea diagnosticado. Exigimos que la tramitación se realice a través del sistema público de salud”, detalla Pérez. Aparte, los sindicatos lamentan la falta de psicólogos y terapeutas que acompañen al empleado afectado.

Otro mecanismo para combatir las enfermedades de salud mental pasa por la mejora de las condiciones objetivas de trabajo. Como muestra la estadística antes citada, los profesionales con salarios bajos son más vulnerables. “Es lógico que una empleada con un contrato temporal, con largas jornadas de trabajo, pocos descansos y cambios de turno constantes, tenga un mayor riesgo de padecer estas dolencias que un profesional con buenas condiciones laborales”, señala Pérez, quien recalca la importancia de no desvincular un asunto del otro.

Los problemas de salud mental no solo los padecen profesionales asalariados, también empresarios y emprendedores. “Tenemos presiones muy fuertes. La responsabilidad de cuadrar los números, de impulsar el negocio, de pagar nóminas es muy alta, y más en tiempos de crisis”, comenta el emprendedor Jordi Miró, que asegura haber padecido ataques de ansiedad a lo largo de su carrera.
De hecho, el colectivo de los emprendedores es uno de los más vulnerables. Un estudio de la Universidad de California en San Francisco elaborado por el psiquiatra Michael Freeman asegura que tienen el doble de riesgo de padecer depresión respecto a un ciudadano estándar, y el triple de abusar de sustancias. “Las personas que deciden emprender no están preparadas para la presión que tienen que afrontar, para rendir cuentas ante los inversores, lograr hitos de crecimiento exponencial... Al igual que nos entrenamos para correr un maratón, ellos deberían prepararse para afrontar las exigencias del mercado”, comenta Gustavo G. Dietz, investigador en neurociencia de la Universidad Complutense especializado en salud mental de los emprendedores.

Además, este colectivo afronta la presión de no mostrarse vulnerable ante la sociedad porque eso se concibe como un signo de fracaso. “¡Nosotros no somos superhéroes!”, exclama Diego Ballesteros, emprendedor en serie que acaba de fundar la asociación Ancla para acabar con el estigma de las enfermedades mentales entre el colectivo. “Vamos a ofrecer programas sobre el control del estrés y, además, queremos ser un punto de encuentro donde todo el mundo se sienta libre de compartir sus inquietudes y su situación. Es necesario visibilizar más casos y para ello contaremos con charlas de emprendedores de éxito que han pasado situaciones complicadas”.

Entre los afectados se encuentra el cofundador de Travelperk Javier Suárez, que padeció el síndrome del impostor (pensaba que ocupaba un lugar que no merecía) mientras la compañía crecía a buen ritmo. En el 2019 dejó la plataforma y un año más tarde fundó Oliva, una empresa de servicios de atención psicológica para empresas. “Cada vez más compañías contratan nuestros servicios, conscientes de que las necesidades en salud mental de sus trabajadores están desatendidas”. Suárez dice que una vez son contratados acuden a sus servicios entre el 20% y el 35% de los empleados. Y esto solo en el primer mes.

¿Cómo se aborda el diagnóstico de los casos?

¿Cómo saber si un empleado o un directivo presenta síntomas de estrés, ansiedad o depresión? Como es obvio, el diagnóstico de estos trastornos resulta más complicado que el de las dolencias físicas por accidente de trabajo. Una de las herramientas más básicas y necesarias para la evaluación de riesgos psicosociales es la realización de un cuestionario a los empleados. El Departament de Treball facilita un documento a modo de ejemplo con preguntas muy diversas. Algunas tratan sobre las exigencias psicológicas del trabajo –ritmo de trabajo elevado o irregular, desconexión laboral, desgaste emocional– y otras cuestiones abordan el “control del trabajo” en el ámbito de la libertad en los descansos, el poder de decisión sobre las tareas, la preocupación por perder el empleo, los cambios de turno contra la propia voluntad, el apoyo social en el trato con el jefe y los compañeros, la estima propia del trabajador y las tareas sobre la conciliación familiar.

Los resultados del cuestionario son una primera aproximación a la salud mental del empleado y pueden ayudar a iniciar el tratamiento con profesionales para los empleados que lo requieran. Para los emprendedores o empresarios, que tienen otro tipo de presiones, Gustavo G. Díez, investigador de la Universidad Complutense, recomienda el uso de un cuestionario sobre síntomas físicos y psíquicos con preguntas como: ¿me cuesta respirar?, ¿he tenido temblores?, ¿me da miedo hacer el ridículo?, ¿no tengo ninguna emoción positiva?, ¿estoy asustado?, ¿y desanimado?, ¿me enfado con facilidad?, ¿me cuesta relajarme?
 
Además de la elaboración de cuestionarios, algunas compañías empiezan a abordar las cuestiones de salud mental aplicando programas de prevención. Algunos ejemplos son los de la farmacéutica Novartis, que vende servicios de bienestar emocional a otras compañías (con programas de mindfulness o yoga) o los de la start-up barcelonesa Broomx, que ofrece tecnología para la  proyección de espacios inmersivos de relajación. “El empleado puede llegar a transportarse en medio de la naturaleza o a una playa paradisiaca”, asegura el emprendedor Ignasi Capellà.

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